Vino fino y generoso de Montilla Moriles


11 Elaborados por el clásico procedimiento de crianza biológica bajo el "velo en flor", durante años, en botas del mejor roble, recogidas en naves catedralicias. Su color es muy particular , algunos con ligeras tonalidades oliváceas , que en estas tierras se cruzan las raíces de la vid y el olivo . Marcada es la sutileza de su aroma punzante y  de sus infinitos matices.

De aromas salinos, a levaduras y almendras amargas, se diferencian de los jerezanos por ser algo menos secos en boca. Pálido, seco, ligeramente amargoso y de transparente color pajizo, con reminiscencias de topacio y verdoso en los tipos más delicados.

Es el prototipo de los vinos de Montilla-Moriles y el más popular a la hora del copeo. No se podía esperar menos de un vino proveniente de tan noble cuna y de tan singular estilo de crianza. Muy indicado en el aperitivo y  para acompañar todo tipo de carnes y mariscos.

Imprescindible en la buena mesa.