Terremotos y tsunamis


11 Terremotos y tsunamis.

Cuando dos de las placas de la tierra se separan y una de ellas se superpone a la otra, es evidente que su cosecuencia será un terremoto, que no es otra cosa que el movimiento que se dá en el centro de la tierra cuando la corteza terrestre se reacomoda, luego del choque de esas placas. Diariamente en el mundo se registran una cantidad considerable de terremotos, los cuales en su mayoría son de poca magnitud; sólo dos o tres veces al año se producen seísmos con consecuencias impredecibles.

El año pasado, el 27 de febrero, Chile se vio afectado por un seísmo de 8,8° Mw (Magnitud de Movimiento Sísmico del Momento) y hace tan sólo cuatro días, el 11 de marzo, le ha tocado a Japón padecer uno de 9° de magnitud. Muchos se preguntan ¿Por qué Japón?.  Japón es un país acostumbrado a sufrir los desgastes de la naturaleza. No es raro escuchar que ha habido movimientos sísmicos en este país y que han debido evacuar alguna zona por consiguiente.

Debido a esto las obras en este país se realizan a conciencia, los edificios poseen la particularidad de poder bambolearse con los movimientos a fin de no caer desplomados; sin embargo a veces la naturaleza no tiene piedad y por eso las consecuencias del último terremoto que ha afectado al país nipón el pasado viernes son tan alarmantes. La razón por la cual Japón vive al filo del peligro y siempre temiendo los seísmos sin poder hacer nada por huir de estos hechos muchas veces impredecibles, es su ubicación. Japón está situado en una zona límite entre dos placas, la oceánica y la euroasiática cuando una se superpone sobre la otra la corteza terrestre se deforma, sede y se produce la ruptura. Los peores terremotos son aquellos que tienen su epicentro en el mar, pues es éste el único modo en el que se pueda producir un tsunami.

Cabe aclarar que las consecuencias de un tsunami suelen ser mucho más severas que la de los terremotos. El terremoto que azotó a Japón la semana pasada tuvo su epicentro a 10 km de profundidad en el medio del océano y por eso la magnitud de sus consecuencias fueron tan terribles. El tsunami comienza con una ola que tiene una velocidad normal pero a medida que va desplazándose en una determinada dirección, va aumentando su velocidad; cuando se acerca a las costas su velocidad disminuye y aumenta su amplitud y eso es lo que le permite penetrar en la tierra y comérsela.

Cabe aclarar que la velocidad máxima que puede adquirir una ola ronda de los 400 a los 500 km por hora, una velocidad inimaginable en el auto más veloz al que hayamos subido jamás.

La ola principal del tsunami del viernes llegó a alcanzar los 10 metros de altura y al penetrar en la tierra destruyó barrios enteros, arrasó con pueblos, embarcaciones, automóviles, edificios, puentes. Mientras los expertos intentan establecer parámetros más claros acerca de lo acontecido en Japón y trabajan por reconstruir lo que la catástrofe ha destruido, miles de personas se encuentran evacuadas en refugios esperando el momento para recuperar sus vidas robadas por la furia de la naturaleza. .