Procesos naturales: La germinación (II)


11 Ayer comenzamos a hablar sobre los procesos naturales, en este caso sobre la germinación, que debemos tener en cuenta a la hora de llevar a cabo esta compleja labor.

En esta ocasión seguiremos explayándonos sobre el tema, para que a la hora de llevar a cabo esta labor no surjan dudas. Para la germinación de las plantas, debemos tener en cuenta la especie, ya que las características de cada variable dependen de la especie.

Algunas necesitan una prolongada exposición al sol, otras requieren temperaturas bajas, suelos calizos, alcalinos. La germinación comienza con el ingreso del agua al sitio donde se aloja el embrión para humedecerlo e interrumpir el período de sequedad que comenzó al desprenderse de la planta madre. En este sentido, la semilla se hincha y rompe su envoltura exterior. El oxígeno que ahora accede al interior, impulsa el desarrollo y los cotiledones empiezan a aportar los nutrientes necesarios para colaborar en el crecimiento.

El primer elemento que surge del interior de las semillas es la radícula.

Su función consiste en absorber mediante los pelos radicales que sujetan el embrión al suelo. Tras el alargamiento del incipiente tejido exterior, los cotiledones son empujados hacia la superficie, donde reciben la luz solar e inician el proceso de formación de clorofila indispensable para la fotosíntesis. La clorofila es un pigmento que otorga la coloración verde a los vegetales y que permite la absorción de luz solar. Una vez desarrolladas las hojas, reemplazan a los cotiledones y continúan con el proceso de fotosíntesis.

Es período de germinación culmina cuando el vegetal deja de depender de los nutrientes almacenados en la semilla y pasa a absorber sustancias del suelo, agua y energía solar.      .