Sembrar es un acto de fe


11 Quienes somos amantes de la jardinería y la agricultura, y somos capaces de elevarlo más allá del nivel de un hobby o un pasatiempo, sabemos del efecto emocional que produce el acto de sembrar.

Desde este espacio, hoy me permitiré promover reflexión al respecto, con la esperanza de que la próxima vez que coloques una semilla en la tierra, veas este acto con otros ojos. Invito simplemente a pensar. Comparto con humildad mis sentimientos.

En realidad confieso que pensé en escribir hace un tiempo atrás, cuando escuché en mi Iglesia, una interpretación de la Parábola (Bíblica) del Sembrador, quizá muchos de ustedes la concen, otros no. En ella sintéticamente, se nos enseña que el acto de sembrar requiere de la conjunción de tres factores - por así decirlo -: la buena tierra, la buena semilla y el sembrador, y que si tan sólo uno de ellos no está "en sintonía" el fracaso será seguro. Al sembrador del relato -sin entrar en análisis exegéticos -, como a tantos de nosotros, no es posible calificarlo de bueno ni malo, de idóneo o de principiante.

Mi visión personal, es que ese sembrador era alguien que aún sabiendo que dos cosas más hacían falta para completar su labor, la hizo igual.

Lo que en definitiva comparto con ustedes, es una invitación a tomar conciencia de que sembrar es fundamentalmente un poderoso acto de fe. Nosotros no le preguntamos a una semilla si es buena o mala, ni analizamos cada una de las que sembramos..

¡lo hacemos y ya!.

¿Saben por qué? Porque confiamos  y tenemos fe en ese milagro silencioso que es el crecimiento de una nueva planta a partir de una simple semilla. Desconozco si te gusta pensar acerca de esto, pero me atrevo a compartir mi pensamiento, pues tan necesarios son los buenos consejos técnicos, como una buena dosis de fe y amor a la naturaleza al dedicarnos a nuestro jardín.

Me gustaría - no lo dudes - recibir tus comentarios..