Canción de los Lobos


11 Ruge y retumba la tormenta Por la enlutada bóveda del cielo, Y sobre el dorso de impetuosas ráfagas Cabalgan las deidades del invierno. Ni el frígido erial donde vagamos Sin acierto buscando alguna senda, Ni un arbusto descubre la mirada Que el suspirado abrigo nos ofrezca. Allí en la cueva el hambre que nos mata, Y fuera de ella el frío que nos hiela; Entre ambos, como rudos cazadores; Sin piedad nos acosan por doquiera. Y píntaseles otro en la batida: Del cargado fusil la saña fiera Deja sobre la nieve señaladas Con nuestra roja sangre nuestras huellas... Tenemos frío, sí; tenemos hambre Y el mortífero plomo nos asedia Pero ¿qué importa?...

En cambio somos libres. ¿Oh, santa libertad! ¡Bendita seas! Alejandro Petröffi (1823-1849) Húngaro.