Carta de indignación por la cobarde agresión a un perro


11 Esta es una carta enviada por la lectora Teresita Tosco al diario argentino La Opinión, en su carta relata el maltrato de un perro indefenso por un bárbaro adulto y todo el sentimiento que despertó en las personas que presenciaron este vil acto. Sr.

Director: El lunes a la mañana en la Plazoleta del Pórtico, se desencadenó un hecho violento que puso mal a toda la gente que estaba allí cumpliendo con los trámites para obtener el carné de conductor.

En medio de la cola que formaban las personas, un hombre mayor comenzó a patear brutalmente a un perro de tamaño mediano a chico que tenía una patita tullida. Tal fue la fuerza de una furiosa patada que dio en la quijada del perrito, que éste se desmayó. Tanta crueldad por parte de este hombre mayor despertó la reacción de todos los presentes, empleados del lugar incluidos, y especialmente de un señor -Dios manda siempre un ángel salvador- que salió en defensa del animal, gritándole al hombre mayor que era un cobarde y que tratara de pegarle a él si se animaba.

El agresor ni intentó hacerlo, aduciendo que el perro lo había mordido.

Eran como cincuenta las personas presentes y todas le habían pasado al lado sin que el chusquito ni siquiera les moviera la cola. Eso le explicó una señora a un Guarda al que le fue a hablar, comentándole que el perro estaba totalmente tranquilo, y que el hombre tenía que haberle hecho algo al animalito para que éste reaccionara así. La cuestión es que el Guarda Municipal dijo a la señora que ya había sido llamada la policía para atender este bochornoso incidente.

Muy bien estuvo la intervención inmediata de una empleada del organismo que diligenció urgentemente la atención de la víctima de este vergonzoso suceso violento. Todos allí se quedaron muy mal anímicamente.

Y muchos, preocupados, porque este hombre que atacó de esa manera al perro, va a estar conduciendo algún vehículo, y quién sabe cómo puede llegar a reaccionar con algún niño que le produzca un inconveniente en su tránsito. Todos sabemos muy bien lo imprudentes que son los chicos andando en bicicleta a contramano y por las veredas.

Una última reflexión me hace insistir, como lo está haciendo actualmente la Municipalidad, que quien salga con un perro lo lleve con su correspondiente collar y correa. Hagámonos de una buena vez responsables de nuestras mascotas, no solamente de los denominados perros peligrosos; si los sacamos a la calle o les abrimos las puertas somos nosotros los responsables de lo que pueda suceder con ese perrito que dejamos suelto. ¿Cuándo lo vamos a entender? Igualmente, quienes salen a trabajar en motos o en bicicletas, encierren a sus mascotas, porque si no, yo he visto pasar a personas que no pueden evidentemente volverse, por cuestiones de horario, ser seguidas cuadras y cuadras por perritos que después, agobiados por el cansancio quedan a la deriva, muchos de ellos perdidos, o echados de los lugares adonde llegan porque no tienen que estar allí, ¡y la culpa no es de ellos! ¡Cómo nos cuesta a los humanos incorporar "un cacho de cultura" como diría Caloi, a nuestra convivencia urbana! Fuente: La Opinión.