El camello


11 Tanto el camello como el dromedario pertenecen al mismo género, el Camelus, de la familia de los camélidos.

El camello (Camelus bactrianus) tiene dos jorobas, mientras que el dromedario (Camelus dromedarius) sólo tiene una.

Ambos son mamíferos rumiantes ungulados nativos de zonas secas y desérticas de Asia. El nombre "camello" proviene del hebreo "gamal", que significa "devolver" o "compensar", ya que este servicial animal hace generalmente lo que su amo le solicita. Al contrario de la creencia popular, el camello almacena grasa en vez de agua en sus jorobas, y al encontrarse éstas sin reservas, caen sobre un costado de su lomo. Por lo general los camellos son mansos y exhiben un comportamiento más bien pasivo, pero cuando se tienen que defender suelen recurrir a sus potentes patadas e incluso a sus escupitajos irritantes, al igual que otros camélidos como las llamas, los cuales producen una sensación de ardor al entrar en contacto con los ojos de sus víctimas. Se los emplea normalmente como animales de carga, aunque también se aprovecha su piel, leche y carne.

Las hembras dan una muy buena leche, y con su pelo se hilan vestidos y sogas.

Con la piel se confeccionan sandalias y cantimploras, y su estiércol es útil como combustible para cocinar alimentos, ante la falta de árboles en el desierto. Pueden ingerir 180 litros de agua de una sola vez y avanzar sin volver a beber por más de diez días. En el norte de África existen "dromedarios danzantes" y de competición que divierten al público durante la fiesta conocida como el Día del Camello.

También son empleados para transportar turistas por el desierto. Durante las últimas décadas los camellos han recuperado el reconocimiento por su potencial producción de comida en zonas áridas y semiáridas de Sudán.

Después de haber sido considerados "ineconómicos" por el gobierno de Sudán, ahora su papel vital en el auxilio de poblaciones en las áreas más pobres y azotadas por la sequía del mundo ha sido reivindicado. La devastadora sequía de África entre 1984 y 1985 demostró que la posesión de camellos podía darles a los pastores una excelente oportunidad de sobrellevar la crisis. Mientras que todos los rebaños de ovejas y cabras sucumbían ante las condiciones de extrema escasez de agua, la población de camellos sobrevivió relativamente ilesa....