El sida del gato


11 La Inmunodeficiencia felina es una enfermedad producida por un retrovirus que afecta sólo a los gatos.

Al igual que en el SIDA humano, en su fase terminal produce el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, ya que al producir un deterioro progresivo del sistema inmune por atacar a los linfocitos T, agota todas las posibilidades de resistir la más mínima infección.

Esta enfermedad afecta principalmente a gatos entre 4 y 8 años de edad. Se transmite por mordeduras o en el momento en que la gata infectada corta con sus dientes el cordón umbilical de sus crías. Los machos enteros están más expuestos, ya que tienen mayores posibilidades de participar en peleas.

La transmisión por mordeduras se debe a que los gatos infectados suelen tener lesiones gingivales, y esto posibilita el contacto sangre-sangre. La enfermedad cursa primero con una fase aguda, que puede pasar desapercibida o dando signos como fiebre, ganglios agrandados, diarrea, depresión, infecciones en la piel, signos neurológicos, oculares, o déficit de neutrófilos (células encargadas de combatir infecciones a corto plazo).

Luego sigue la fase de portador asintomático que puede durar meses a años. Y luego empiezan los problemas: la fase de linfoadenopatía generalizada dura entre dos y cuatro meses, con fiebre recurrente, déficit de glóbulos blancos, ganglios agrandados, anorexia y pérdida de peso. Le sigue a esta fase el conocido síndrome llamado SIDA, que tiene dos etapas: en la primera nuestros gatos enferman de cualquier cosa (problemas bucales, respiratorios, de piel, ojos, riñones, etc.) y sus defensas no logran combatirlos.

En la segunda (fase terminal) aparecen enfermedades características, como son la hemobartonellosis, toxoplasmosis, leucemia felina, sarna, tuberculosis, etc.

Los tratamientos son los mismos utilizados en humanos: primero se tratan las infecciones y luego se usan virostáticos como el AZT, etc. Los gatos tratados pueden tener una sobrevida de cinco años..