Gatos famosos: Garfield


11 Era una feliz noche, corría el año de 1977, bajo el aroma de la suculenta lasaña nació un extraño y llamativo gato naranja, al que le pusieron Garfield.

Al nacer este rechoncho gato pesaba 10 veces más que cualquier gato normal, cual fue la sorpresa que de inmediato había pronunciado o pensado su primera palabra, y esta es: dormir. Notando el dueño que su negocio peligraba por el hambriento apetito del dormilón Garfield, tubo que decidir y decidió salvaguardar la inversión de lasaña, para esto vendió a nuestro Garfield a una tienda de mascotas, una tienda que después de tiempo, dándose cuenta de los estragos y travesuras del nunca lleno Garfield, empleó toda estrategia existente de venta.

Un día el bonachón John Arbuckle pasaba por la tienda, y le llamó la atención la tranquilidad con la que dormía ese llamativo gato naranja, y sin dudarlo lo compró. Garfield al principio no estuvo encantado, pero la idea de dejar de ser un huérfano de dueño le iba formando una gran sonrisa entre sus abultadas mejillas. Desde aquel día John que pensaba cambiar su vida aburrida y de soltero monótono, supo que todo seguiría igual, pues Garfield tenía 2 metas en su vida, dormir y comer, siempre con más esmero en la primera.

Al cabo de unos meses John recibió la visita de un viejo amigo, Lyman venía en compañía de un lenguado e inquieto perrito llamado Odie, esta visita marcaría el final del reinado de paz y ronquidos de Garfield. Los días pasaron, el despertar lamido por Odie y el hablar solitario de John hicieron que Garfield poco a más se humanizara, llegando a sentirse como un humano disfrazado de gato.

Garfield aprendió a ver la televisión, era un as con el control remoto, aprendió a andar sobre sus patas traseras, el café era su elixir vital, no se apartaba de su querido osito de peluche Pooki (le recordaba sus días de silencio y descanso diario), nunca jamás le volverían a gustar los Lunes y por sobre todo tenía un nuevo pasatiempo, hacerle la vida a John menos aburrida y darle unas pataditas a Odie siempre y cuando no sea necesario. Fuente: Publispain.