Poema a un gato que no volvió


11 Ya no te veré más durmiendo a gracia suelta: no volviste jamás de tu amorosa vuelta. Con una gata blanca, mira qué mala suerte: la gata era la blanca de la Señora Muerte. La leche está servida, Está listo el pescado; tu silla preferida en vano te ha esperado. Tu paso era ligero, tus modales corteses, y fuiste tan sincero que me ignoraste a veces. Me hablabas tú muy suave, yo nunca te entendía; mas fue una falta grave tu enorme melodía. Llegó hasta el universo, ira y amor a una, el eco en el reverso siniestro de la luna. Y un encolerizado te enmudeció en el frío: no más a nuestro lado duermes, amigo mío. Tu cuerpo es hoy la sombra, las nubes son tus manchas, y sólo ahora te nombra el silencio a sus anchas. La leche está servida, está listo el pescado; tu silla preferida ya se ha desesperado. Eliseo Diego.