Quentin Tarantino, un espectador convertido en cineasta


11 No sé si alguna vez habéis tenido la oportunidad de estar en una sala de cine viendo una película sabiendo que Quentin Tarantino está allí también.

Yo sí, en una ocasión, y cuando lo haces entiendes muchas de las cosas de las que suceden en las películas de este director. En primer lugar, Quentin Tarantino no se sienta en la butaca del cine.

Prácticamente se tumba. Su alta estatura tampoco le ayuda en las cada vez más estrechos pasillos y butacas, pero es que a Tarantino le gusta disfrutar del cine comódamente.

De hecho, es casi lo único que ha hecho durante toda su vida. El nombre de Tarantino, Quentin, ya tiene incluso un origen audiovisual.

Su madre se lo puso en honor a un personaje interpretado por Burt Reynolds en una serie de televisión de principios de los 60. Hijo de madre soltera, Quentin Tarantino se crió en el sur de Los Ángeles, en un barrio en que convivían blancos y negros y donde las películas de artes marciales seguían haciendo furor muchos años después de que pasaran de moda. A los 17 años abandonó los estudios y se matriculó en una escuela de interpretación que pagaba con trabajos esporádicos que también le permitían seguir viendo todo el cine que podía.

Uno de ellos fue un video club llamado Video Archive, donde pudo dar rienda suelta a toda su afición cinéfila mientras que tenía a su disposición todo el cine que quería. Allí coincidió con otro gran aficionado, Roger Avary, y tras la jornada de trabajo ambos pasaban allí horas muertas viendo películas.

La falta de dinero y los conocimientos que Quentin tenía de interpretación les llevaron a improvisar un escuela de actores en las propias dependencias del video club. Allí, escribiendo escenas para sus alumnos, se fraguó la ambición de Quentin Tarantino por ser cineasta. Tarantino escribió dos guiones con los que poder dar el salto a la industria del cine.

Se llamaban Natural Born Killers (Asesinos Natos) y True Romance (Amor a Quemarropa).

Tras varios años de intentarlo sin éxito y con varias negativas por parte de productores, Quentin Tarantino decidió escribir el guión más barato posible. Era la historia de un atraco a mano armada que sucedía fuera de la pantalla, en la que el espectador sólo veía los encuentros entre los atracadores antes y después del delito.

Lo tituló Reservoir Dogs. Por fin, Tarantino consiguió que un productor se interesase por el guión, e incluso el actor Harvey Keitel al leerlo se mostró entusiasmado.  La película saldría adelante incluso con un presupuesto digno que permitiese mejorarla.

Fue un gran éxito, lo que permitió que inmediatamente los otros dos guiones que tenía escondidos en un cajón, se rodaran. Uno por Oliver Stone y otro por Tony Scott.

Eran principios de los años 90 y ya el nombre de Quentin Tarantino prácticamente era una marca reconocible. Pero Quentin Tarantino seguía siendo un espectador por encima de todo.

Era fácil verlo recostado en la butaca de los cines de estreno comiendo palomitas sin parar y gritando si una escena o un diálogo le gustaba o le disgustaba. Incluso en los hoteles donde se hospedaba debido a los incontables viajes que tenía que hacer debido a sus películas era fácil oírlo de madrugada reírse a carcajadas mientras veía una película en la televisión por cable. En plena actividad frenética por su repentina fama, Tarantino escribió entre hoteles y viajes el guión de Pulp Fiction.

Dicen que, como casi todos los guiones que entregaba, estaba lleno de tachaduras y faltas de ortografía, pero eso no fue un problema para que se convirtiese en la mejor película de su director, protagonizada nada menos que por John Travolta y Uma Thurman.

En ella se condensa lo mejor y lo peor de su estilo. Convertido ya en una estrella del celuloide y repartiendo actuaciones, guiones y direcciones de películas por doquier, Quentin Tarantino ha ido descubriendo a partir de Pulp Fiction una filmografía en la que pasa por su peculiar punto de vista los géneros que adora como espectador: la intriga policíaca en Jackie Brown (1997), el cine de artes marciales que veía en su adolescencia en Kill Bill 1 y 2 (2003 y 2004) de nuevo con Uma Thurman en el reparto; o el cine de acción y bajo presupuesto con aire de los 70 en la doble película Grindhouse y Death Proof (2007) hecha al alimón con su amigo y cómplice Robert Rodríguez. Durante varios años desde el rodaje de Pulp Fiction, Quentin tarantino quiso abordar un género del que también se siente deudor: el cine bélico, especialmente el ambientado en la 2ª Guerra Mundial. Escribió un extenso guión que pretendía convertir en serie de televisión hasta que se produjo un revelador diálogo con Luc Besson, el cineasta francés: ¿Por qué estás escribiendo una serie de televisión? La gente no quiere ver tus series, Quentin, la gente quiere ver tus películas...

¡Yo quiero ver tus películas! Tras esta desbordante declaración, Quentin recortó varias horas de su guión y lo convirtió en la película que conoces con Brad Pitt al frente del reparto.

Una particularísima visión del conflicto nazi con grandes dosis de humor y la depuración total de su estilo violento y estilizado. Y ahora ¿qué? Probablemente ahora Quentin Tarantino está planeando el guión de su próxima película en algún hotel donde se encuentre de visita o en la sala de cine del último festival donde haya sido invitado. Tan dado como es a las sorpresas, estoy seguro de que nadie acertaría a averiguar cuál será ese proyecto pero yo tengo mi favorito: Kill Bill 3..